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Las ONG y las empresas no son enemigos: una introducción al Valor Compartido

Valor compartido
Autora: Alexis Gómez
Tiempo de lectura: 2 MIN.

“Hacemos dinero envenenando a las personas y luego damos premios a quienes descubren la cura”
Father John Misty

El mundo está lleno de problemas, cierto.

Cada país los suyos. Si nos enfocamos en México, podemos enumerar pobreza, corrupción, obesidad, embarazo adolescente, violencia machista, cambio climático, precario acceso al agua, inseguridad… Todo estamos conscientes de ellos, ¿no?

Pensar en solucionarlos se vuelve frustrante, especialmente si los analizamos de forma estructural general. Es decir, no solo pensar en cómo alimentar a personas de bajos recursos o en rescatar a más perros de maltrato humano y de las calles, sino ir más allá. Por ejemplo, ¿cómo lograr que las personas dejen de estar en círculos de pobreza generacional? ¿Cómo crear conciencia para que las personas esterilicen a sus perros evitando su sobrepoblación en las calles? ¿Cómo solucionarlo?

Lo cierto es que son pocas las organizaciones que logran enfocarse en estos objetivos, porque para lograrlo debe existir una gran inversión económica y humana a largo plazo; es decir, dinero para darle continuidad. Es ahí donde el concepto de Valor Compartido es una solución.

Valor compartido

Fue creado por Michael Porter, economista y profesor de la Universidad de Harvard, y se basa, como lo explica en su conferencia de TED, en “abordar un tema social con un modelo de negocio”. O sea, que las empresas, que son las que generan y poseen recursos económicos constantes y grandes, asuman un problema social e inviertan en él como parte de su modelo de negocio.

No se trata de caridad ni filantropía, sino de un cambio en la concepción del capitalismo, pensándolo “como debe ser verdaderamente, satisfaciendo necesidades importantes sin competir por pequeñeces, por diferencias triviales en las características del producto y en las cuotas del mercado. Valor compartido es cuando podemos crear valor social y valor económico al mismo tiempo,” precisa Porter.

¿Por qué las empresas querrían adoptar este nuevo paradigma?

Durante años han sido responsabilizadas de provocar o agudizar algunos de aquellos problemas sociales; de contaminar ríos, del saqueo de minerales y bosques, de engordar a niños y niñas con sus alimentos procesados, o de crear procesos industriales de carne y leche mediante maltrato animal, por ejemplo.

Por principio de cuentas, esta visión de negocio les permite comenzar a cambiar tal percepción entre su comunidad y regresarle a esta más beneficios reales, especialmente hoy, que las nuevas generaciones de compradores exigen productos realizados de forma consciente y respetuosa del medio ambiente y la vida animal.

Este cambio de mentalidad debe involucrar principalmente a las y los directivos de esas nuevas empresas: asumir su responsabilidad y dejar de pensar en que no deben preocuparse por los problemas sociales, y a las y los líderes de las ONG, quienes han de ser capaces de crear estas convergencias para abordar los problemas sociales de forma real, escalando su impacto de forma mucho más rápida.

“Creo que si hacemos que los negocios se vean a sí mismos de forma diferente, y logran que otros los vean de forma diferente, podemos cambiar el mundo… Si podemos romper esta brecha, esta inquietud, esta tensión, este sentido de que no estamos fundamentalmente colaborando aquí en la conducción de estos problemas sociales, podemos resolverlo, y creo que, finalmente, hallaremos las soluciones,” concluye Porter en su fascinante plática.

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