logo

Somos una empresa socialmente responsable, que busca empoderar a profesionistas, empresas y organizaciones civiles a través de la comunicación estratégica.

Gamma 50, colonia Romero de Terreros, Delegación Coyoacán, CDMX.

01 52 5536 3387

hola@otromexico.com
Síguenos en nuestras redes:
Facebook: @otromexico 

Twitter: @otromexicosc

El verdadero poder femenino asume la igualdad de facto

Feminismo
Tiempo de lectura: 2 MIN.

Dejemos de imitar a lo hombres y olvidémonos del sexo

¿Cómo es que las mujeres debemos comportarnos cuando llegamos a una posición de poder en donde imperan hombres? ¿Qué características debe tener un mando femenino? ¿Puede una mujer tener un liderazgo sin masculinizarse?

Al renunciar a la candidatura presidencial, Margarita Zavala declaró una realidad que confirma la situación de muchas mujeres líderes. Explicó que durante su campaña nunca pudo comportarse naturalmente “porque debía demostrar una imagen mucho más fuerte”.

“Hay muchas cosas que no están acostumbradas que provoca que te juzguen distinto.  Un hombre pueden decir un poema, pero una mujer debe decir números para que vean que sabes del tema”, expuso Zavala.

Esta constante necesidad de demostrar que las mujeres en cargos de poder también pueden ser fuertes y firmes “como los hombres”, está haciéndonos perder la posibilidad de descubrir el poder femenino y descubrir nuestra propio estilo de liderazgo.

No me refiero a esas frases chairas de “ponerle un toque femenino” o “tener más sensibilidad con los otros”, porque no existe tal cosa, solo es un estereotipo. Me refiero a poder descubrir las características que particularizan el liderazgo cuando no se masculiniza.

Al diablo con ser “más”, seamos auténticas

Esta constante exigencia de respeto no solo nos ha llevado a tener que ser “más” que los hombres; más estudiosas, más trabajadoras, más responsables, sino también a tener que travestirnos.

De acuerdo con el estudio de la Universidad Autónoma de Madrid, “Género en el poder. El estilo femenino de las organizaciones” es común que el modelo de mando en una empresa, que suele estar dominado por hombres, las mujeres lo tomen como referencia, lo que implica que haya contextos laborales masculinizados y se elimine cualquier tipo de comportamiento femenino; es decir, que las mujeres pierdan su personalidad.

Así, advierte dicho estudio, las mujeres directivas se ven obligadas a evitar todo comportamiento comunicativo que pudiera interpretarse como una muestra de debilidad.

“Necesitan ponerse una “coraza” como medio para demostrar que son fuertes y tienen las firmeza suficiente para ocupar esa posición jerárquica. De ahí que tengan que mostrarse más duras…. De esa coraza y de las robustas resistencias que aún existen para aceptar el mando femenino frente al masculino, surge la imagen habitual de las jefas como mujeres virilizadas y autoritarias”.

Asumamos la igualdad de facto

Entonces, ¿existe una mujer que haya roto con el liderazgo masculinizado? Desde mi punto de vista, sí. En 2017 fue nombrada por undécima ocasión “la mujer más poderosa del mundo” por Forbes y es la canciller alemana Angela Merkel.

Aquel año, durante la Reunión del Grupo de los 20, en donde ella fue anfitriona, el moderador preguntó a las asistentes si se consideraban feministas. Ella dijo que no.

Merkel ha logrado su poder “minimizando su género, rehuyendo a las etiquetas, siendo modesta, y actuando con cautela y preparación en contraste con el fanfarroneo masculino”, explica el artículo “La mujer más poderosa del mundo no se considera feminista” del New York Times.

En este, la presidenta de la Fundación Heinrich Böll, Ellen Ueberschär, expone que durante algunos foros convocados por Merkel para discutir sobre mujeres y poder descubrió que “ella no se deja seducir por los símbolos del poder que la empoderan”.

No significa que no hay tenido que pasar por la misma situación que muchas otras, sino que simplemente “probó su valía e hizo su tarea”, lo que ha provocado que su propio país vea su género como un aspecto irrelevante.

“Cuando se le preguntó durante una campaña cómo maneja a los “machos alfa” como Vladimir Putin, su respuesta fue simple: “Para mí siempre ha sido importante, y no me aparto de eso, tratar de ser como soy, y estoy bien preparada para la esencia”.

Al final, el poder femenino va simplemente de lograr que el sexo sea indiferente. Dejar de enfatizar la diferencias, apropiarse de la igualdad como un eje diario y sernos fieles. Es cierto, el camino es aún lento, pero ha iniciado y no parará.

Si seguimos creyendo que comportarnos como “hombres” nos hará mejores líderes estaremos perdiendo nuestra esencia y la oportunidad de ser mejores directoras, subdirectoras, gerentes, coordinadoras y presidentas.

¿Quieres leer más del tema?

Te recomendamos El mito del “empoderamiento” de la mujer  

Bitnami