Pasar al e-book no solo es cuestión de costo sino de alcance
Y, bueno, también tiene desventajas (accesibilidad a Internet, derechos de autor, formatos todavía incompatibles universalmente), pero en general dar el salto a la «hoja digital» puede potenciar el éxito de ciertas publicaciones, entre ellas los informes o estudios de ONG o centros de investigación.
Este tipo de organizaciones suelen imprimir tirajes relativamente pequeños de sus productos editoriales, entre 300 y mil ejemplares, y solo en algunos casos ponen disponible el PDF de la publicación, relegándolo como un subproducto.
Privilegiar la producción de e-books, sin embargo, no solo les beneficiaría en términos de ahorro económico sino, sobre todo, en cuanto al alcance de su publicación. Imaginemos un informe que una organización civil entrega a 20 activistas; ese libro difícilmente será leído por cinco personas más. En cambio, si alguien recibe la versión e-book y lo postea en su Facebook, la capacidad de diseminación por el mundo se multiplicará en la lógica exponencial de las redes sociales.
Y ni siquiera se trata de eliminar de tajo las versiones impresas, sino de ofrecer opciones a los lectores, pues también es cierto que muchas personas mantienen una fidelidad —a veces romántica— hacia el libro impreso.
Además, se debe considerar que la producción de un e-book es más que la «versión en PDF» del libro, y que debe tener características específicas, entre ellas interactividad y dinamismo, y para ello es importante una asesoría profesional para integrar las ediciones impresas y digitales de sus publicaciones.
Bob Stein, director del Instituto para el Futuro del Libro, explica en este video la riqueza de la experiencia de la lectura digital, y las posibilidades de la «lectura social».
