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¿Cómo los algoritmos y las plataformas se han inmiscuido en nuestra sexualidad?

Sexualidad
Autor: Sofía Pérez

Tiempo de lectura: 3 minutos


La primera premisa sería que las plataformas digitales han facilitado el acceso a contenidos sexuales, al menos comparándolo con el que se tenía a través de medios analógicos como televisión y revistas. Sin embargo, una reflexión más profunda y amplia debería encaminarse hacia la forma en que la información que proporcionamos en esas plataformas, casi siempre gestionada de forma opaca, está incidiendo en la construcción y ejercicio de nuestra sexualidad.

Tinder, el match con nuestros datos 

Aplicaciones como Tinder son un buen ejemplo de esto: nos registramos, elegimos nuestra preferencia sexual, geolocalización y gustos… aportando datos para que la plataforma los cruce y nos muestre potenciales conexiones.

No es muy distinto de cómo funcionan los algoritmos de Netflix, YouTube o Spotify cuando te recomiendan algo en función de aquello que decimos que “nos gusta”, tratando de “crear y perfeccionar constantemente una teoría acerca de quién eres, lo que harás y lo que desearás a continuación” (Ver “El filtro burbuja”). Solo que esta vez el algoritmo tiene el potencial de llegar, literalmente, hasta nuestra cama.

Los algoritmos del porno

Pongamos otro ejemplo igual de preocupante: cuando buscamos porno en Internet y seleccionamos la página, así como el tipo de porno que queremos ver, seguimos proporcionando información íntima que puede conectarse con nuestro perfil de Facebook.

Recientemente publicaron un estudio en el aseguran que Google y Facebook están recolectando nuestro consumo de pornografía, aunque lo busquemos mediante la “ventana de incognito”:

“Estos dominios de pornografía contienen palabras o frases que probablemente se entenderían en general como un indicador de una preferencia o interés sexual particular inherente al contenido del sitio. Es posible que también se pueda suponer que esto está vinculado al usuario que accede a ese contenido».

Para qué querría Tinder, Facebook o Google información sobre nuestras preferencias sexuales o nuestro hábitos de consumo de pornografía, ¿para “mejorar la experiencia” de su servicio?

Otra versión sería la que dio en una entrevista el historiador israelí, Yuval Noah Harari, “La tecnología permitirá ‘hackear’ a seres humanos”, donde plantea que “gracias al big data, la inteligencia artificial y el aprendizaje automatizado, por primera vez en la historia empieza a ser posible conocer a una persona mejor que ella misma, hackear a seres humanos, decidir por ellos. Además, empezamos a tener el conocimiento biológico necesario para entender qué está pasando en su interior, en su cerebro”. Pero, ¿estamos dispuestos a que terceras personas nos conozcan y decidan por nosotrxs en cosas tan importantes?

¿La Ciencia Ficción está prediciendo nuestro futuro [sexual]?

Es muy precipitado poder dar una conclusión exacta de lo que podría llegar a pasar en el futuro con nuestra vida sexual. Sin embargo, la ciencia ficción ha jugado y apostado por crear distintos escenarios como en Her (2013), Ex Machina (2014), Ready Player One (2018) o series como Black Mirror (2019), pues plantean escenarios en los que la IA puede llegar a sustituir no solo la manera en cómo nos relacionamos, abren un abanico de posibilidades para ejercer y sentir nuestra sexualidad en las que no solo las personas estaríamos involucradas, sino también máquinas, consolas o programas.

¿Llegará el día en el que existan mecanismos que permitan la autosatisfacción de las personas a tal grado de que dejemos a un lado las prácticas eróticas convencionales? ¿Los algoritmos nos permitirán encontrar a la pareja perfecta?

 

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